Nos acostamos alrededor de las 2 de la mañana, conversando se hicieron las 3. Caricia tras caricia, beso tras beso, mirada tras mirada se hicieron las 4. Te desprendiste de algunas prendas y me ayudaste con las mías. Sentía tu calor corporal y el deseo se apoderaba de aquellos dos cuerpos desnudos.
Acariciaste mi cuerpo con dulzura y ternura como si fuera un cristal delicado que no quisieras que se quiebre, sentía escapar tu amor por cada poro, no recuerdo si hacía frío, pero no importaba, me sentía feliz a tu lado. Se hicieron las 5 de la mañana y continuábamos en ese vaivén de caricias, roces y besos. Nos detuvimos, en realidad, no sabía si lo hacía bien, me sentía inexperta en la materia; no le tome tanta importancia y proseguimos, quería conocerte.
Comenzó a aclararse la habitación y un rayito de luz ingreso por la ventana, en ese lugar éramos dos cuerpos hecho uno, en una perfecta sincronización al hacer el amor. Tu deseo y el mío no se distinguían.
Dormimos pocas horas, nuestra primera noche juntos, me viste despertar como cada mañana lo hago.
Hermosa buenos días, -escuche de tus labios-; respondí, buenos días amor y sonreí.
"Felicidad es despertar a tu lado cada mañana"